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Directora Hola Mi Gente
Mayo 3 de 2026
Por Amparo Parra Mosquera ( Facebook / Instagram / X )
Directora Hola MI Gente
Cada 3 de mayo, el Día Mundial de la Libertad de Prensa nos convoca a una reflexión que, este año, no puede ser sino urgente y profunda. Como sociedad, nos enfrentamos a un fenómeno alarmante: la libertad de expresión, columna vertebral de cualquier democracia real, atraviesa un deterioro sostenido en nuestras Américas. Lo que hoy vemos no son incidentes aislados; es una preocupante normalización de la hostilidad contra quienes tienen el deber de informar.
Desde la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), voces autorizadas como las de Pierre Manigault y Martha Ramos nos advierten que el periodismo vive hoy bajo asedio. El peligro se ha diversificado y se ha vuelto más sofisticado. Ya no solo nos enfrentamos a la violencia física o los asesinatos —que persisten con una impunidad dolorosa—, sino también a campañas de estigmatización desde el poder, al acoso judicial y a presiones económicas que buscan asfixiar la sostenibilidad de los medios independientes.
Lo más inquietante es cómo hemos empezado a aceptar esta agresión como parte del paisaje cotidiano. Esa “normalización” debilita nuestra capacidad colectiva para rechazar los abusos. Cuando la narrativa autoritaria avanza, desacreditando a la prensa y controlando la información, el espacio cívico se cierra. Es un síntoma grave que incluso democracias consolidadas como la de Estados Unidos estén hoy bajo presiones sistémicas similares a las que históricamente han sufrido otros países del continente.
Defender por qué es importante la libertad de prensa no es solo una tarea de los periodistas; es un desafío de todos, es un derecho que protege nuestra verdad. Cuando se intenta silenciar a un medio o se restringe el acceso a la información pública, no solo se ataca a un profesional, se vulnera el derecho fundamental de cada ciudadano a saber qué sucede en su entorno y a pedir cuentas a sus gobernantes.
La impunidad sigue siendo nuestra gran falla estructural. Mientras la mayoría de los crímenes contra la prensa queden sin resolución, el mensaje para los agresores será de permiso. Por ello, es imperativo fortalecer los mecanismos de protección y promover un entorno digital más transparente que no sea cómplice de la desinformación.
En este día, debemos renovar el compromiso con la verdad. En tiempos donde el silencio intenta imponerse por la fuerza o el descrédito, informar sigue siendo un acto de valentía. Defender ese derecho es, para todos nosotros, una responsabilidad que ya no puede postergarse.


