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17 octubre, 2026Columna de Opinión
Carlos Ibáñez Muñoz – @carlosarturoibanez
Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Políticas, especialista en derecho Constitucional y Laboral.
Ex alcalde de Bucaramanga.
Octubre 16 de 2026.
En las elecciones pasadas para presidente de la República se enfrentaron dos posiciones ideológicas, una de izquierda y otra de derecha ya que el centro fue derrotado en la primera vuelta.
En esa confrontación democrática ganó por estrecho margen la derecha y con ella su ideología.
Entonces no es de extrañar que con absoluta coherencia esté gobernando como lo ofreció. Ahora bien, lo que le debe quedar claro al gobernante es que además de incorporar su ideología a su actuación gubernamental, la realidad social y política contraria a su ideología no puede desconocerla y debe saberla manejar. Las comunidades contrarias a su posición ideológica no pueden ser atropelladas en sus derechos, no va a encontrar unanimismo a sus políticas, y entonces al gobernante va a estar tensionado con la realidad, con lo que encontró y con la ideología que lo eligió.
Entonces surge la disyuntiva; ¿priorizo la ideología frente a la realidad? o ¿cómo gobierno sin dejar de ser coherente con mis principios? ¿Vale la pena defender un principio a pesar de los altos costos sociales por reversar lo que ya se había conquistado? ¿Si abandono los principios por los cuales me eligieron estaría traicionando y deslegitimando el mandato de las mayorías?
Considero ante esos interrogantes que un buen gobierno es el que resuelve problemas reales, aunque tenga que negociar, moderar y hasta sacrificar parte de su ideología para lograr estabilidad y buenos resultados.
En síntesis, acá está la encrucijada:
¿Qué parte de la ideología no es negociable como principio y que parte es negociable como método para adaptarse a la realidad de la nación?
Mi formación democrática me ordena manifestar que ojalá el Sr presidente de la República opte por negociar principios, no la totalidad, que el ego y la prepotencia no le distorsionen la realidad, que arrebatar un derecho produce caos y violencia y que la prudencia, la humildad y la compasión la tenga como brújula para lograr disminuir la polarización y consiga el bienestar del pueblo colombiano.

