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Por Amparo Parra Mosquera
Directora Hola MI Gente
La política en Santander sigue siendo un terreno árido para las mujeres. Aunque algunas se atreven a dar el paso y lanzarse a la contienda electoral, lo hacen enfrentando obstáculos que parecen insalvables. La falta de apoyo institucional y gubernamental, que privilegia las campañas de hombres con recursos abundantes, deja a las mujeres relegadas a campañas austeras, sostenidas únicamente por su esfuerzo y convicción.
Un ejemplo claro es el de la profesora Luisa, quien participó por el Partido Liberal y no logró alcanzar una curul. Su campaña, como la de otras mujeres en la región, se caracterizó por la ausencia de patrocinios, sedes ostentosas y publicidad desbordada. En contraste, los hombres candidatos contaron con el respaldo de estructuras políticas y económicas que les aseguraron visibilidad y ventaja.
La pregunta que alguna vez popularizaron los cantantes de vallenato resuena con fuerza en este contexto: ¿Dónde están las mujeres? La respuesta es dolorosa: están ahí, trabajando a pulso, pero invisibilizadas por un sistema que les niega oportunidades reales. Y lo más preocupante es que, como sociedad, seguimos negándonos a votar por ellas, perpetuando la exclusión.
Paradójicamente, en el mundo empresarial privado las mujeres han demostrado que, cuando se les confía la dirección de grandes compañías, entregan resultados sólidos y transformadores. ¿Por qué entonces no trasladamos esa confianza al ámbito político? ¿Por qué seguimos creyendo que el poder debe estar monopolizado por los hombres?
La política santandereana necesita abrir espacio a las mujeres, no como un gesto simbólico, sino como una apuesta real por la diversidad, la equidad y la renovación. La democracia se empobrece cuando excluye voces, y las voces femeninas tienen mucho que aportar en la construcción de un futuro más justo y participativo.
Es hora de que dejemos de preguntarnos dónde están las mujeres y empecemos a reconocerlas, apoyarlas y votar por ellas. Porque sin mujeres en la política, Santander seguirá siendo un territorio incompleto, gobernado por la repetición de lo mismo: poder sin oportunidades, discursos sin inclusión.

