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18 octubre, 2026Con chanclas al estadio y con dignidad intacta: Yerman le dio una lección de humildad a todo Colombia
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Yerman solo quería ver a su Junior del alma. Como miles de hinchas, se ilusionó con el partido, se puso su camiseta y sus chanclas y se fue al estadio. Allí, dos aficionados lo señalaron por su calzado, lo humillaron frente a todos y hasta le pidieron que se fuera. Un acto de clasismo puro que, grabado en video, se volvió viral y nos dolió a todos.
Con la voz entrecortada, el joven contó lo que muchos no ven. “Junté de mi merienda de 2.000 en 2.000. Aproveché que la boleta estaba barata, me costó 25 mil y me fui al estadio en bus”, dijo. Confesó que se sintió muy mal e incómodo, que su mamá le decía que no quería verlo ahí. No era solo por las chanclas, era por sentirse menos.
Pero la historia no terminó en la vergüenza. La solidaridad fue más grande que el desprecio. Cientos de personas lo respaldaron en redes y su humildad tocó corazones. Un reconocido empresario de Barranquilla le aseguró la entrada al estadio para todo el próximo año, mientras marcas locales lo sorprendieron regalándole zapatos y camisetas del Tiburón.
El cierre más bonito lo puso el mismo Junior de Barranquilla. El club lo invitó a su próximo partido con todo pago, a tomarse fotos con los jugadores y a pisar la cancha, pero con una sola y poderosa condición: que vuelva a entrar en chanclas. Porque en el fútbol, como en la vida, no importa lo que llevas en los pies, sino el amor que llevas en el corazón.
Y como si el destino quisiera corregir la ofensa, llegó el gesto más noble. El defensor central del Junior, Yermein Zidane Peña, salió a buscar al joven humillado por ir en chancletas al Romelio Martínez frente al Pereira. Publicó en sus redes que quiere regalarle algo especial, porque ser hincha de verdad no depende de la ropa, sino del corazón rojiblanco que late sin condiciones.
Mis queridos niños:
Quiero contarles la historia de Yerman, un joven como cualquiera de ustedes, que ahorró moneda a moneda de su merienda para cumplir un sueño: ver a su equipo.
No tenía zapatos nuevos, solo unas chanclas, pero tenía lo que muchos olvidan, tenía ganas. Y en la puerta del estadio se encontró con algo feo que aún existe: gente que cree que vale más por lo que tiene puesto.
Yerman nos recordó algo que los abuelos como yo nunca olvidamos: que todos venimos de hogares sencillos, con limitaciones, pero con mucha berraquera. Y que al final del camino, como decía mi mamá, en la puerta del cementerio se acaban las vanidades del mundo. Nadie entra con corona.
Así que nunca se avergüencen de sus chanclas, de su bus, de su merienda de 2.000. Siéntanse orgullosos de dónde vienen, porque de ahí viene la fuerza para llegar a donde quieran.
(Foto: Suministrada)

